24 hour party people: La fiesta interminable

Archivo Periodistico,Cine,Críticas 1 May 2005 | 0 Comments

Por J.C. Ramírez Figueroa para Sobras, mayo 2005.

“24 Hour Party People” es una película de culto. Under. Alternativa. De ésas que nunca llegaron al circuito comercial local cuando se estrenaron (sólo fue exhibida una sola vez, en un Sobras Film Festival hace dos años a tablero vuelto)

De ésas que se bajan por e-mule. De ésas que citan las revistas. De ésas sobre las que todos hablan pero que casi nadie ha visto.Por lo mismo, todos ya sabemos las claves de la historia: Sex Pistols, Madchester, La Hacienda, Tony Wilson, post-punk, Joy Division, Factory Records, acid house, Blue Monday, éxtasis, Happy Mondays, rave.

Como hace dos años no vivía en Santiago y el único tipo que sabía que tenía el DVD se enojó conmigo, ésta fue la primera vez que veía la famosa película. Y vaya que me impresionó. Lo importante es la mezcla dicen. “24 Hour…” podría haber sido un bodrio con pretencionedocumentalistas-artísticas u otro cándido retrato de la vida rockera, pero Michael Winterbottom (“9 Songs”, “Code 46″) dirige una obra sólida, llena de energía y que, a fin de cuentas, es una declaración de principios para los que vivimos con audífonos.

Ian Curtis sufre un ataque de epilepsia en pleno show. Los fans de Joy Division esparcen el mito y siguen bailando solos y tristes. Un par de años después Curtis se suicida y la banda decide hacer música para bailar felices. New Order. La metáfora en bruto de Manchester.

EL FACTOR WILSON. De partida, la película “ES” Tony Wilson (Steve Coogan), periodista y conductor de “So It Goes” (gran nombre), tocado por el fuego sagrado tras ver a Johnny Rotten y compañía, una noche en que toda la farándula manchesteriana estaba allí: Howard Devoto y Pete Shelley (Buzzcocks, el orgullo local que no pudo tocar porque los otros miembros, sencillamente, se fugaron), Ian Curtis, Peter Hook, Bernard Summer (futuros Joy Division) y bueno, Mick Huckanll, futuro Simply Red).

42 personas en el Free Trade Hall, un 4 de julio de 1976. Un dato no menor, considerando todo lo que vino después, que Wilson, tras un accidentado vuelo en alas deltas para su show, compara con la historia de “Icaro”, sin volver jamás a la metáfora. Wilson, con un sentido de humor e inteligencia casi sobrehumana – capaz de citar a Plutarco de corrido y en los peores momentos -, te cae bien de inmediato. De hecho, apenas sales del cine, lo único que quieres es ser como él, hablar como él, tener un sello como él y un show de televisión como él, quien, más que un personaje, es la encarnación misma del espíritu de Manchester. Con todo lo que esto implica.

EL FACTOR MADCHESTER. En un principio todo era furia punk a la inglesa: Buzzcocks, Siouxie and the Banshees, The Damned, The Jam… hasta que, lentamente, fue covirtiéndose en nihilismo puro: Joy Division. Lo duro de aceptar es que, tras la muerte de Ian Curtis, los mismos chicos siguieron bailando, pero en una oscuridad llena de luces estroboscópicas. Tiempos de discoteque y de New Order. Yo, al menos, prefiero las tocatas a las discoteques, pero el camino estaba pavimentado: llega Happy Mondays, y, por supuesto, nadie cuelga al DJ (¿Sabían que Morrissey también estuvo entre las 42 personas que vieron a los Pistols, pero no autorizó verse retratado en la peli?). De hecho, nunca antes la Factory había tenido tanto éxito. A veces cuesta creer como tan buena música se pudo concentrar en esa ciudad, y con un sello furiosamente independiente. Y sin transar lo que Wilson firmó con su sangre: no existen los contratos, toda la música pertenece a sus intépretes. Notable.

EL FACTOR PELÍCULA. “24 Hour Party People” tiene un airecillo a “Trainspotting”: bien filmada, orginal, entretenida, ágil y con personajes que desearías que fueran tus amigos. Además, la reconstrucción de la época y las bandas es prácticamente perfecta. Mucho chistecillo para iniciados, reflexiones filosóficas y momentos cumbre. En varias oportunidades se nos recuerda que estamos viendo una película, con Wilson hablando directamente hacia el espectador. Es extraño que las películas sobre rock nunca hablen de sexo o drogas, sino de amigos, locura y sueños, usando lo anterior como una excusa. Pero filo. Lo único que puedo decir es que estamos ante uno de los mejores estrenos del año, simplemente, como decía alguien, porque cuando uno la ve, siente que ya la vio.

5 Basureros de 5.

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